Reseña | Tenemos la carne (2016)

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Tenemos la carne CineParrafos

Dir. Emiliano Rocha Minter | México | 80 minutos

Sinopsis: Dos hermanos andan sin rumbo por una ciudad en ruinas en busca de algo de refugio y comida. Cuando entran por casualidad en uno de los pocos edificios que quedan en pie, se encuentran con un hombre muy singular. Este extraño individuo les hará una propuesta de lo más extraña y siniestra para sobrevivir al mundo exterior. (FILMAFFINITY)

Haciendo una apología directa al nombre de la película, ésta obra audiovisual con muchos elementos propios de la plástica, nos proporciona como espectadores, un espacio vital para, más allá de la carne, satisfacernos plenamente en las opresivas y ominosas atmósferas neón-paranoico a través de las parafilias encontradas y desencadenadas propias de los personajes de María Evoli y Diego Gamaliel cuando llegan al destartalado edificio propio de Mariano ( Noé Hernández ), y éste demencial Virgilio cuasi guía de los dantescos muchachos nos va preparando : a los personajes y a nosotros, espectadores forzosa y forzadamente voyeristas o en su defecto, religiosos conscientes de su fe de radical pensamiento de extrema derecha que no soportarán ni los primeros diez minutos del filme; en todo caso, el voyeur aquí llamado así, se combina con una excitante apreciación del desprecio no necesariamente despreciativo.

El voyerismo cual concepto análogo al del suspenso hitchcockiano, se aprecia en el desprecio que el espectador siente cuando ve el filme, pero es éste desprecio el que el espectador determina por los personajes al haber apreciado una obra que no le dejó indiferente, sino que le provocó una catarsis voyerista que salió de nosotros y por ende, éste y único y perfecto y original elemento del filme, es sobresaliente en la dirección de Rocha Mínter por provocar una no cuasi, sino totalmente orgásmica cuasi demoniaca posesión en el hermoso cuerpo de Evoli, provocado a su vez por la alucinante fotografía de Yollótl Alvarado.

Y es que aquí, la atmósfera y nuestro instinto sensitivo es el que nos ayuda a través del progreso no narrativo pero intuitivo de la historia a avanzar en el relato sin saber absolutamente nada de lo que acontecerá, cual buen truco, pero aquí tenemos que decir que esta película es una especie de deconstrucción visual de muchos tipos de imagen, que si térmica, que si plástica, una experiencia que satisfará mientras más abierto se sea, en otras palabras, de estómago fuerte.

Y para finalizar, permítaseme una pequeña paráfrasis del poeta y músico Lirika Inverza en algunas de sus líneas, que el aliento de un caníbal tras haber saciado su hambre nos lo proporciona el director en el personaje lúcidamente demente de Mariano porque la misma calidez que en la vida de un cadáver podemos observar la existencia de Mariano tras la infame carcajada de disfrutar dolor ajeno, el de nosotros, los espectadores, viendo el filme con un pulso moribundo desbordándose de fe porque al fin somos nosotros, los muchachos que pagarán nuestra purga, que diablos, ¿por qué pagar?, quizá vivir, quizá comer, comer hasta saciar el hambre, para que el alma sea rehén de lo que llamamos cárcel, cuerpo de carne.

Por Jorge Enrique Munguía Quintero

(Ver trailer)

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