Reseña | Club Sándwich (2013)


Club Sandwich CineParrafos

Dir. Fernando Eimbcke | México | 82 minutos

Sinopsis: Paloma y su hijo quinceañero Héctor mantienen una relación muy intensa y especial. Cuando pasan unas vacaciones en la costa, Héctor conoce a Jazmín, una chica con la que descubre los primeros destellos del amor y el sexo. Tratando de mantener a Héctor cerca de ella, Paloma pasa un mal trago cuando tiene que aceptar que su hijo está creciendo y que dejará de ser el mismo hijo y mejor amigo que ha tenido durante todos estos años. (FILMAFFINITY)

El tercer largometraje del cineasta defeño Fernando Eimbcke continúa en la misma vena que sus dos anteriores trabajos, la cual es mostrar las continuas dificultades a las cuales se enfrentan los adolescentes en determinadas circunstancias. Es en esta ocasión en dónde se nos narra la historia más lenta en forma y fondo, y es que Temporada de Patos (2004) era una historia impresionantemente divertida, con portentosa edición y fotografía a cargo del habitual colaborador del cineasta, Alexis Zabe, y en los cortometrajes que he podido ver de Eimbcke lo que resulta en común denominador es el dinamismo con el que están contadas sus historias, desde La suerte de la fea… a la bonita no le importa (2002), pasando por el corto documental deliciosamente divertido No todo es permanente (1995), hasta el cine minuto Perro que ladra (2005) , y por desgracia para las subjetivamente universales historias de Eimbcke, Club Sándwich (2013) se sale de los moldes ya bien planificados del director.

Es a través de un viaje de vacaciones a la costa donde conocemos la historia de Héctor (Lucio Giménez Cacho) y su madre Paloma (María Renée Prudencio), una pequeña familia en donde los silencios dicen más que las palabras aunque estas se reiteren a modo de gags – Si haces pipí, sube la tapa por favor- . Es en las intersecciones del relato audiovisual donde la omisión de palabra cobra el sentido necesario para que nosotros como audiencia nos entendamos con los personajes y les demos un sitio importante dentro de la historia. En este sentido, estas vacaciones para el joven y su madre se tornan en una especie de road trip donde vale cada color en las prendas de los protagonistas y hasta lo que comen. – Es mucho pan, engorda –dice Paloma con relación al alimento que hace las veces de título de la película, y esto más adelante cobra sentido cuando el jovencito Héctor se enamora de Jazmín (Danae Reynaud), una chonchita jovencita en pleno despertar sexual que cuales feromonas, atraerán al protagonista a descubrir una faceta diferente en su vida, y esto se nota en las continuas interrupciones al estar escuchando música cuando su madre conversa con él, cual Prince sexy sangre de su sangre, en la fotografía blanquecina – azulada, y en la muy austera dirección artística de Eugenio Caballero que ayuda al relato a no desviar la atención de las miradas complacientes en close ups entre los tres personajes, ya si Muerte en Hawái, o ya sin mirar a la cámara en primer descubrimiento masturbatorio sexual, y estos primeros planos, referentes de planos más abiertos en bailes sexies e imitación de focas.

Las secuencias largas con cámara fija abundan, pero no detallan las personalidades de los protagonistas, y es que las respuestas cuasi monosílabas contrastan con los muy inteligentes chistes que el guionista y director regó por aquí y por allá pero es en la insuficiencia de éstos que no podemos conectarnos narrativamente con las distintas vivencias de Héctor en su cotidianidad, aunando a esto, desde mi opinión, por lo menos dos elipsis que no justifican los primeros acercamientos entre ambos jóvenes.

Cuándo el personaje de Paloma establece un aunque no te guste, iremos a la playa, tuve la esperanza de que las tesituras narrativas cambiasen o dieran un giro más dinámico en la película, pero no fue así. La playa solo es el desemboque muy superficial de carencias afectivas de Héctor y Jazmín pero nunca un verdadero catalizador para que cómo público queramos saber  cómo concluirá todo esto.

En clave más íntima y personal como la argentina  XXY (Lucía Puenzo, 2007), o en clave más desmadrosa y existencial y vivencial en Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001), justo en medio se encuentra Club Sándwich, donde a pesar de las muchas secuencias en planos medios y otros más cerrados, se nos prohíbe un acercamiento con las distintas personalidades de los personajes porque no nos invitan a desmenuzarlos en nuestras mentes, sino que nos son dados a través de acciones parcas, en miradas, en gestos y sin movimientos mínimos de cámara para acentuar las emociones y poder sumergirnos en ese hotel, seguramente divertido aunque no haya gente por las promociones que nos invitan a tomarnos un descanso aunque sea viendo la TV en el cuarto, y esto es lo que hace que no podamos sentirnos a gusto aún con el tremendo calor y las cervezas que nos alivian, porque la propuesta argumentativa del filme no argumenta ni a la izquierda ni a la derecha, y al final tenemos que conformarnos con la historia que no pasa ante nuestros ojos porque la vista subjetiva de Paloma hace que por castigo en juego de cartas nos vayamos a buscar papas y nos perdamos el posiblemente interesante desenlace entre este par de pubertos descubriéndose y divirtiéndose en el intento.

Buen entremés para disfrutar sin ser demasiado exigentes, esperando un platillo fuerte que ya antes degustamos y comimos en el excelente platillo que se nos sirvió en el 2004, y en el cual vivimos unas vacaciones en temporada mágica de patos.

Por Jorge Enrique Munguía Quintero

(Ver trailer)

7

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