Reseña | Tokyo Story (1953)


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Dir. Yasujirô Ozu | Japón | 136 minutos

Titulo original: Tôkyô monogatari

Sinopsis: Una pareja de ancianos viaja a Tokio para visitar a sus hijos, pero ninguno de ellos tiene tiempo para atenderlos, por lo que deciden enviarlos a un balneario. Cuando regresan, la madre pasa una noche en la casa de una nuera, viuda de uno de sus hijos. A diferencia de sus cuñados, Noriko muestra afecto por sus suegros y conforta a la anciana. (FILMAFFINITY)

La primera vez que escuché hablar de  Yasujirô Ozu fue cuando el realizador mexicano Fernando Eimbcke después de haber filmado su opera prima Temporada de Patos (2004), lo mencionó como uno de sus referentes a la hora de abordar su historia. Es el primer film que veo de Ozu y la verdad es que me quedé con muchas ganas de seguir explorando la obra de este realizador japonés.

Lo primero que salta a la vista en la película es la perfecta planificación que el director demuestra en su puesta en escena; planos simétricos interiores en perfecto orden y armonía deliciosamente montados que rayan en la más absoluta perfección. Es a través del montaje que Ozu nos sitúa en cada parte de la casa de la familia Hirayama, y es por ello que nunca nos perdemos ni nos da un sentimiento de extrañeza. Podemos imaginarnos en donde está cada habitación y lugar dentro del edificio. Y es a través de estos planos medios casi siempre que nos damos cuenta de lo que vive cada integrante de este grupo familiar, sus deseos, motivaciones, impulsos a través de primeros planos nunca desenfocados y siempre en cámara fija que obtenemos escenas de belleza indescriptible.

Shukichi y Fumiko, padres de cinco hijos, dos mujeres y tres hombres llegan a Tokio a visitarlos unos días, y el film narra con extrema delicadeza las expectativas que tienen los progenitores con respecto a los hijos y viceversa, siendo un muy bonito y hermoso ejemplo cuando tres personajes toman sake en una especie de bar nipón y hablan de sus anhelos y sueños frustrados en sus vidas y de las relaciones con sus respectivas familias.

Aún en exteriores, el cineasta japonés es muy meticuloso y casi nunca filma planos abiertos, que sí los hay pero son pocos, y en lugar de ello prefiere hacer pequeños travellings dentro de espacios delimitados por el encuadre, lo cual hace que nos acerquemos y conozcamos más el mundo interior de los padres e hijos.

Y temas tan vigentes hoy mismo son los que expone esta película, dándonos un maravilloso ejemplo y un regalo de gozar los pequeños placeres efímeros de la vida, cómo ésta pasa tan rápido y al final lo único que nos espera es lo que nos unifica como seres humanos, lo que nos hace uniformes. Magnifico film, si no lo ha disfrutado, empiece a verlo desde ahora y como yo aprendamos de este minucioso realizador, referente de un gran cineasta mexicano.

Por Jorge Enrique Munguía Quintero

(Ver trailer)

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Coincido contigo. Una obra maestra. Preciosa.

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