Reseña | We’ll never have Paris (2014)


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Dir. Simon Helberg & Jocelyn Towne | Estados Unidos | 92 minutos

Sinopsis: La trama gira en torno a un tipo llamado Quinn, quien enfrenta una crisis personal después de que su empleada le confesara su amor. La situación se complica porque Quinn estaba a punto de proponerle matrimonio a su novia Devon. Poco después, Devon vuela a París, y cuando él la sigue, se entera de que ella está comenzando un romance con un violinista local.

Respóndete a ti mismo lo siguiente si te consideras un buen cinéfilo. ¿Quién te viene a la mente cuando piensas en una comedia protagonizada por un neurótico petiso, que además de disfrutar del jazz se pasa la vida sugestionado por enfermedades que no tiene?. Si, exactamente.

No tiene caso defender lo indefendible, y mucho menos cuando se trata de la copia de una fórmula de por si ya desgastada. We’ll never have Paris no sólo toma los elementos básicos de la comedia de Woody Allen, sino que además tiene el mal tino de haber robado la sola carcasa del cineasta neoyorquino, habiendo pasado por alto todo rastro de gracia. Como haber tomado una caja de pizza para ponerle una ensalada dentro. Así de atroz resulta esto.

Ahora, tampoco es que no haya una infinidad de clones del cine de Allen allá afuera, calidades mayores o menores, pero la cosa con este filme es que además de hurtar las malas mañas del ya referido director (como la malograda fantasía de que un perdedor con aires intelectualoides como él puede enamorar perdidamente tanto a rubias con pinta de modelo como a mujeres con una inteligencia superior a la suya), tampoco es capaz de aportar absolutamente nada al género. Si se puede rescatar una mínima virtud tal vez sería su tercer acto, y muy a la fuerza.

La película está protagonizada por Simon Helberg (Howard Wolowitz en The big bang theory) y Melanie Lynskey (Rose, la vecina acosadora en Two and a half men), además de contar en papeles secundarios con actores como Alfred Molina, Zachary Quinto, Dana Ivey y Ebon Moss-Bachranch, quienes por supuesto están terriblemente desperdiciados en roles intrascendentes que carecen de toda singularidad.

La verdad es que no hubiera deseado basar mi reseña en puras comparaciones, pero es que tampoco hay mucho más que señalar, en el papel este hubiera sido un buen pretexto para ver a sus dos protagonistas encarnar a personajes diferentes a los ya mencionados (los cuales por cierto son maravillosos), pero lastimosamente la paupérrima propuesta narrativa nos hace desviar la mirada de toda ejecución y todo queda como un cartucho vagamente desperdiciado.

Por ningún motivo podría recomendar esta cinta, quizá si te toca verla mientras viajas en autobús la consideres una mejor opción que mirar por la ventana, pero lejos de ahí yo aconsejo que se evite el visionado. Tampoco podemos hablar de que We’ll never have Paris sea una decepción, dudo que alguien tuviese altas expectativas hacia ella, pero de cualquier manera uno termina por sentirse defraudado al terminar de verla, y por eso me parece que podemos mencionarla como una de peores comedias románticas dentro de su rango en los últimos meses. Una bestial pérdida de tiempo.

Por Jonathan Mata Richardson

(Ver trailer)

5

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