Reseña | Hannibal (Serie)


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Creador: Bryan Fuller | Estados Unidos | NBC

Sinopsis: Will Graham (Hugh Dancy), que trabaja en el FBI como analista de crímenes, tiene una capacidad innata para empatizar con los psicópatas, lo que le permite entender sus motivaciones. Pero, cuando se da cuenta de que la mente del asesino en serie que está buscando es demasiado compleja incluso para él, recaba la ayuda de uno de principales psiquiatras del país, el Dr. Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen). (FILMAFFINITY)

Ahora que la serie ha terminado y está más que confirmado que no habrá lugar para una cuarta temporada puedo hablar a mis anchas de lo que me pareció esta adaptación de 39 episodios de la obra de Thomas Harris. Dividiré mi opinión en tres partes, una para cada una de las temporadas, porque cada una de ellas merece una lectura diferente a la de las otras dos.

Temporada 1

Desde los primeros episodios estamos perfectamente conscientes de que por momentos Hannibal privilegia el ejercicio estético por encima de la propia historia, lo cual no es precisamente negativo… todavía. Durante esta temporada vemos a nuestros dos personajes principales “reconocer la cancha”, empiezan a involucrarse entre sí para poco a poco comenzar a sentar las bases de lo que iremos viendo a lo largo de los episodios venideros. En un principio lo más sencillo es sentirnos fascinados por el propio Hannibal Lecter, incluso llegamos a darle preferencia sobre el mismo protagonista, sin embargo esa poesía y esa mística que rodea a Lecter gradualmente se va convirtiendo en el enemigo mismo de la serie.

Conforme todo evoluciona vamos viendo casos de una complejidad (por lo menos estética) cada vez mayor, y ese juego de seducción entre el villano y los que intentan cazarlo se vuelve tremendamente interesante, principalmente porque todo ocurre frente a las narices de los que juegan el rol de “héroe”. Aunque la temporada va in crescendo soy honesto y admito que a dichas alturas Hannibal era una serie que disfrutaba al verla, pero cuando la dejaba no la echaba de menos en absoluto.

Temporada 2

Los siguientes 13 episodios se cuecen completamente aparte, el juego del gato y el ratón se vuelve todavía más intenso, y aunque por momentos entramos en una absoluta desesperación como espectadores al ver la ineptitud de los que representan al FBI por ignorar lo que (al menos para nosotros) es completamente evidente, nunca dejamos de frotarnos las manos y mantenemos completa atención a lo que ocurre en la historia.

Aunque la segunda parte de la temporada se deslava por momentos, esta es sin duda la que mayor emoción aporta a la serie. Hasta este punto los personajes están totalmente desarrollados, y aunque muestran grandes rasgos de ambigüedad todo se sigue manteniendo en completo equilibrio, incluso nos da tiempo de conocer e involucrarnos con las historias personales de algunos de los protagonistas, dándoles un valor mayor en su relación con el espectador.

Si la serie se hubiese mantenido en el tono que hasta aquel momento venia manejando, su futuro habría sido completamente diferente, de eso no tengo ninguna duda.

Temporada 3

La tercera temporada es, con toda certeza, una de las catástrofes más grandes de los últimos años para la televisión. Empezamos por cambiar el escenario en el que se desarrolla la historia, la serie comienza en otro país y los personajes protagónicos de los 26 episodios anteriores parecieran haber perdido completa relevancia, a los que dábamos por muertos no lo están, los que no caminaban ya están de pie al tercer día, y los personajes más grises ahora gozan de total protagonismo. Nos sacamos conejos de la chistera a diestra y siniestra.

Además de convivir en cada episodio con la inverosimilitud, ahora todo son metáforas audiovisuales, cualquier cosa la vemos en cámara lenta acompañada de un sonido siniestro cuya justificación pudiera no existir siquiera. Además de esta especie de remedo a lo David Lynch, hemos de fumarnos secuencias enteras de las temporadas anteriores, flashblack tras flashback que no aporta absolutamente nada. Somos testigos de diálogos soporíferos (en los que mayormente interviene Gillian Anderson) en los que literalmente deseamos que se vaya la electricidad o que simplemente el televisor haga combustión espontanea. Una total calamidad. La poesía ya no es poesía, y todo lo que vemos se reduce a un ejercicio de videoarte hecho por un estudiante pretencioso que cree estar filosofando, pero lo único que consigue es matarnos de sueño.

Aunque quisiéramos que la tercera temporada no influyese en nuestra opinión general de la serie, sí que lo hace, y es que tirar por la borda nuestro tiempo como espectadores para darnos una conclusión que pareciera no importarles ni a los productores es irrespetuoso con el público.

Hannibal es una serie que no tiene a la regularidad entre sus mayores virtudes, como ejercicio estético es en un principio deslumbrante, irónicamente delicioso, no obstante muere por sus propios pecados a cada segundo. Siendo sincero, de saber lo que me esperaba en los últimos 13 capítulos tal vez no me hubiera aventurado siquiera a comenzarla, porque si bien es una serie que por instantes alcanza tonos maravillosos no termina pagando bien por nuestro tiempo. Un canto a lo que pudo ser y no fue. Una oda a lo mediano.

Por Jonathan Mata Richardson

(Ver trailer)

7

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