Reseña | Musarañas (2014)


musaranas

Dir. Juanfer Andrés & Esteban Roel | España-Francia | 91 minutos

Sinopsis: España, años 50. Montse (Macarena Gómez) ha perdido su juventud cuidando de su hermana pequeña, con la que vive en un siniestro piso del centro de Madrid. Tras la muerte de su madre, su padre (Luis Tosar) huyó cobardemente dejándolas solas. Montse padece agorafobia pero no lo sabe y se esconde de la vida, entre cuatro paredes, volviéndose cada vez más obsesiva y desequilibrada. Trabaja de costurera y el único eslabón que la une con la realidad es su hermana. Un día ocurre algo extraordinario: Carlos (Hugo Silva), un vecino joven e irresponsable, se cae por la escaleras y pide ayuda llamando a la puerta de Montse. (FILMAFFINITY)

No voy a mentir diciendo que Musarañas o Sangre de mi sangre (como se le llamó en algunos lugares) es un monumento a la originalidad ni mucho menos, por el contrario, tiene ese permanente sabor a Misery que por momentos se vuelve un distractor importante, no obstante es un filme que posee una buena cantidad de factores que la vuelven especialmente interesante.

Musarañas cuenta con un halo de misterio al estilo del siglo XIX, una atmósfera de total enclaustramiento y oscuridad que se vuelven el escenario perfecto para representar la mente de nuestra protagonista, quien ha ido acumulando a través del paso del tiempo una tremenda cantidad de fantasmas que terminan por desatarse cuando Carlos llega a su vida.

Pasando a un plano menos positivo he de confesar que encontré muy complicado conectar con los personajes, por un lado tenemos a una protagonista completamente fuera de la realidad (tan loca que no se alcanza a apreciar del todo) y por otra parte los personajes que la rodean están pintados descaradamente como los “buenos buenos” de la película. Excesiva victimización para mi gusto, me hubiese gustado un poco más de carácter.

¿La recomiendo? Por supuesto que si, siempre resulta interesante para el espectador tener en frente una película cuyo guión evoluciona como una buena montaña rusa, al principio parece no ser de lo más aterrador, sin embargo una vez que se llega a lo más alto la caída se vuelve deliciosamente estrepitosa.

Por Jonathan Mata Richardson

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