Reseña | Leviatán (2014)


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Dir. Andrey Zvyagintsev | Rusia | 140 minutos

JOB 41.8 –Pon tu mano sobre él; Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás.  (Versión Reina Valera 1960)     

Necesario es el visionado de la película rusa Leviatán (Leviafan, 2014) de Andrey Zvyagintsev para intentar entender de manera casi antropológica el o los panoramas y paralelismos que hay entre la historia más primitiva, los documentos bíblicos no necesariamente históricos y la sociedad actual. La brutalidad vivencial en la sala de cine está más que asegurada.

El director ruso hace de su personaje Kolya (Aleksey Serebryakov), como Job, un hombre que a pesar de serlo, es despojado de toda dignidad como si fuese un pedazo de nada, siendo procesado en una maquinaria de poder que supone la autoridad, y cuando ésta da su fallo inapelable, como hormigas nos vamos todos detrás de ella con pañuelos en los ojos y mordaza en la boca. Aquí cabe preguntarse  ¿Quién o qué es Leviatán? No en un sentido unilateral, ni siquiera dicotómico. Como en el texto bíblico, Kolya es interpelado por los más absurdos y “divinos” burocráticos abusos de aquéllos que ostentan, ya no un cargo, sino un espacio (o todo él) que les ha sido ¿regalado? ¿Heredado?  Para ejercer y hacer cumplir la ¿ley? que el mismo poder (ya aquí omnipresente) les ha entregado en complicidad con la impunidad cual deidad omnipotente haciendo del personaje un esclavo de la misma vida que por no practicar los actos que se supone le (o  nos) condenan, terrenal y celestialmente, ni siquiera le gratifican, tan solo le condonan a infra vivir encerrado por un determinado tiempo sin motivo alguno. Y aquí se hace del castigo un derecho. Todo esto unido por la hermosísima fotografía de Mikhail Krichman, y la sutil pero estremecedora música de Philip Glass hacen del resultado la respuesta a la pregunta planteada anteriormente: todos somos Leviatán, las diferentes cabezas del monstruo del texto bíblico, y en una interrogante que desesperadamente nos hacemos ¿hay salvación? Me permito citar Job 3.8 –  Ojalá la hubieran maldecido los hechiceros, que tienen poder sobre Leviatán. – (Versión popular). Y entonces ¿quiénes son los hechiceros? Quizá Zvyaguintsev y su obra aspiren a ser uno de ellos. La cosa es que la palabra está el plural.

 Por Jorge Enrique Munguía Quintero

(Ver trailer)

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