Reseña | Maps to the stars [Mapa de las estrellas] (2014)


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Dir. David Cronenberg | Canadá-Estados Unidos-Alemania | 111 minutos

Dice Quentin Tarantino que la carrera de un cineasta comienza su declive cuando éste envejece, y en un muchos aspectos tiene sentido ese argumento, porque llega el punto en que el autor experimenta con cosas tan radicalmente opuestas que muchas veces el espectador/fanático no puede (o no quiere) comprender; en el peor de los casos éste no evoluciona y se convierte en una eterna repetición. David Cronenberg nos acostumbró a un cine que, además de ser su marca registrada, le da identidad a una década completa y salpica a la anterior. Él es el horror de los ochentas. Aunado a un cambio radical en su estética y sus temas, la nostalgia nos hace convulsionar (todavía mas) cuando vemos propuestas tan extrañas como Un método peligroso y la infumable Cosmópolis. ¿De dónde salieron?, quien sabe. Sin embargo a más de uno nos dejaron ariscos y casi renuentes a ver Mapa de las Estrellas.

En esta cinta vemos a Mia Wasikowska encarnar a una jovencita con quemaduras en cara y cuerpo que pareciera no romper un plato, y que a pesar de tener desde un principio ese aire misterioso alcanzamos a suponer que desempeña un papel de victima, vaya, nos hace pensar que ha sobrevivido a un pasado complicado. Este personaje, que lleva por nombre Agatha, llega a Los Ángeles en un autobús procedente de Florida con la firme intención (como casi nadie) de convertirse en escritora. La primera persona con la que se encuentra es un chofer de limosina interpretado por nuestro viejo conocido Robert Pattinson (al que ya vimos trepado por dos horas en uno de estos vehículos en la anterior entrega del cineasta canadiense) quien, para variar, pretende hacerla como actor y escritor. La intención de Agatha es entrevistarse con Havana Sengrand, una actriz cincuentona en plena crisis emocional interpretada por una extraordinaria Julianne Moore. Esta mujer vive permanentemente bajo la sombra de su madre, una vieja gloria de la actuación que además de representar esa carga inconsciente para su hija, abusó sexualmente de ella durante sus años de infancia. La pretensión de Havana es obtener el papel protagónico en un remake que su madre estelarizara en cierta época y la volviera legendaria, sin embargo se topa con la inminente barrera del rechazo provocado por la edad. Aunque Havana pareciera la indicada para quedarse con el rol, es otra actriz quien lo consigue, una mujer de su quinta que además es madre de un pequeñito de 4 o 5 años.

Para la buena suerte de Agatha, Havana está en plena búsqueda de una asistente personal, y es que aunado a esa vida de Lindsay Lohan madurita que parece no ser tarea sencilla de manejar para una sola persona, encuentra una identificación personal con ella; su madre murió consumida por las llamas. La excéntrica y desesperada mujer recibe una serie de sesiones terapéuticas por parte de un tal Dr. Weiss, una especie de “masajista emocional” que trata sus traumas a base de ejercicios en los que se monta sobre su espalda y le soba el lomo mientras ella trata de exorcizar sus fantasmas por medio de gritos y reclamos hacia su madre. El perfecto estereotipo del charlatán que le saca el dinero al que se deja. El Dr. Weiss, interpretado por John Cusack, es el padre de una estrella juvenil (una mutación entre Justin Bieber y Frankie Muniz) que intenta rehabilitarse de su adicción a las drogas y además debe lidiar con lo que parece ser el fantasma de una niña a la que visitó alguna vez en el hospital. Este chico llamado Benjie, cuyas actitudes prepotentes nunca terminan, tiene como manager a su propia madre, una mujer obsesiva que parece batallar con los fantasmas de un pasado que desconocemos hasta aquí.

No tardamos mucho en darnos cuenta de que la elección de Agatha va mas allá de las simples ambiciones de convertirse algún día en escritora, y es que nuestra joven protagonista tiene un pasado… macabro, si se puede decir de ese modo; ha permanecido durante su adolescencia recluida en un hospital psiquiátrico por prenderle fuego a su casa cuando se encontraba a solas con su pequeño hermano. La intención de Agatha por reintegrarse a su familia (o eso queremos creer) es el motivo principal de la joven para acercarse a Havana, quien se vuelve el hilo conductor hacia el padre de la chica, que resulta ser el Dr. Weiss. Las alucinaciones y problemas de adicción del pequeño Benjie de repente encajan a la perfección con un patrón de conducta similar al de su hermana, con quien mantiene esa comunión y complicidad que solo se da entre los hermanos. Los trastornos mentales que comparten Agatha y Benjie no son producto de la casualidad, pues en un maravillosamente retorcido giro descubrimos que sus padres son hermanos; por supuesto habiendo sido victimas de su total desconocimiento del hecho.

En lo que parece ser un cruel acomodo de eventos, el pequeño hijo de la actriz que interpretaría el papel que Havana tanto deseaba muere en circunstancias accidentales, dejándole el camino libre a nuestra entrañable maniática, quien no reacciona de otro modo sino brincando y gritando su triunfo (un momento incómodamente épico), en una escena que por si sola justifica la película; la tragedia de la superficialidad. Aunque Agatha logra hacer contacto con su padre, este la echa a patadas de su casa, y es que perdonar a la hija que quemó tu casa con tu otro hijo dentro no es cosa fácil. Y aunque ese es uno mas de los tantos fantasmas que acechan a los Weiss, el total acumulamiento de factores negativos sobre la familia (que parecería ser victima de la repulsión y la cólera del universo) acaban por destruirla internamente como un edificio que implota, dejando finalmente a los dos hermanos como los mejor librados (o los menos jodidos) de la historia.

Mapa de las Estrellas es una visión retorcida del modo de vida, de por si enfermizo, de un montón de habitantes que pululan en un sector especifico de la sociedad que aparca sus fantasmas con fastuosas casas y automóviles que no hacen mas que motivar al resto a que ambicionen lo mismo. Esta cinta repudia lo superficial mofándose de lo mismo, como lo hiciera la también brillante La Gran Belleza de Paolo Sorrentino, y cachetea con guante blanco las aspiraciones populares de todos los que no nacimos en una casa con habitaciones de sobra. Esta película es el perfecto reivindicativo de un director dotado con una visión del mundo amorfa que nos pone en el punto exacto de mira para apreciar ese otro lado (tal vez el bueno) de un mundo tan viscoso y putrefacto que hace palidecer al mismísimo Seth Brundle.

Por Jonathan Mata Richardson

(Ver trailer)

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