Reseña | Dos días, una noche (2014)


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Dir. Jean-Pierre Dardenne & Luc Dardenne / Bélgica-Francia-Italia / 95 minutos

Sandra (Marion Cotillard) es una joven esposa y madre que tras sufrir una crisis depresiva pide una baja temporal en la fabrica de paneles solares para la que trabaja, sin embargo durante el periodo en que estuvo ausente sus compañeros se dan cuenta de que pueden desempeñar la misma labor prescindiendo de uno de ellos (en este caso Sandra) con solo trabajar 3 horas extras a la semana, por lo que se les ofrece una bonificación de mil euros a cambio de votar por la destitución de su compañera. En una primera votación realizada el viernes la gran mayoría opta por el bono, a excepción de dos amigos cercanos de Sandra, sin embargo logran convencer al jefe de que se haga una segunda ronda de votación, esta vez anónima, donde nadie ejerza presión sobre el resto de los participantes, por lo que Sandra tiene solo un fin de semana para intentar convencer al menos a 9 de sus 16 compañeros de que renuncien a los mil euros a cambio de su permanencia en la empresa.

Deux jours, une nuit es la clase de películas que le vuelan los sesos a cualquier aspirante a guionista o realizador, cuanta simpleza y cuanta maestría en la ejecución. A diferencia de cintas como 12 angry men donde solo es cuestión de tiempo para que el protagonista convenza al resto para que acompañen su propuesta, aquí tenemos un argumento lo suficientemente complejo como para debatirlo por diez horas y nunca hay una respuesta correcta. ¿El bienestar económico de tu familia o de la mía?, ¿cómo carajo se responde a eso?. Es de agradecerse que Dos días, una noche no tenga ni un gramo de complacencia hacia nadie, es puro sentido común, una perfecta fotografía de un mundo salvaje donde nadie te regala nada y en el que tienes que lanzarte sobre el resto para arrebatarles el bocado de los dientes. Todos tienen sus razones, buenas razones, y las defienden como deben hacerlo, hay tiempo para ponernos en la piel de todos los involucrados y es inevitable. Una fábula absoluta de supervivencia urbana. A diferencia de las cientos de películas que están construidas alrededor de la figura de unos cuantos, en esta cinta todos están al servicio de la historia, Marion Cotillard nos entrega una cátedra de interpretación emocional invaluable, nos estresamos con ella, nos deprimimos con ella, nos angustiamos una y otra vez con ella. Caramba, me pasaría la noche entera hablando de esta joya, pero para no hacernos la vida cansada he de concluir con una petición para todo aquel que está leyendo esto, haga el favor de hacer a un lado cualquier cosa que esté haciendo y póngase a ver esta película, usted necesita verla y lo tiene que hacer ya. Por favor.

Por Jonathan Mata Richardson

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