Reseña | Tercera llamada (2013)


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Dir. Francisco Franco / México / 90 minutos

Tercera llamada es de la clase de películas que te dejan agotado, todos gritan, todos discuten, pelean, hacen berrinche, lloran, patalean… pero finalmente eso es el teatro.

Esta cinta que corre a cargo del también director teatral Francisco Franco, narra el difícil proceso por el que tienen que pasar un grupo de actores, técnicos, productores y hasta familiares, para poder tener en tiempo y forma una producción encabezada por una directora (terriblemente incompetente) que no sabe lo que quiere. La inestabilidad generada por los repentinos cambios en el concepto, que evidentemente involucran modificaciones en la escenografía, vestuario, diálogos, e incluso en el reparto, provoca una cantidad incontrolable de conflictos en un mini universo de egos enormes que no le dan ni un solo segundo de aire fresco al espectador. La elección de las personalidades involucradas no puede ser mas contrastante, por un lado están los que quieren sacar el proyecto a flote, y por otro los que parece que desearan su pronto fracaso, aunque todo en consecuencia del hartazgo y la presión que les generan las nulas garantías de un ambiente sano de trabajo. Los personajes son de todo tipo, por un lado tenemos a Julia (Irene Azuela) como protagonista de la obra, quien le dará un giro femenino al personaje de Caligula, como directora está Isa (Karina Gidi), una mujer que pierde el respeto de toda la gente a su alrededor por no actuar con tacto al expresar lo que desea, a Ceci (Mariana Treviño), la asistente de dirección que funge como mediadora en casi todos los conflictos, a Fernando (Fernando Lujan) y Eduardo (Ricardo Blume), un par de veteranos actores que son puro profesionalismo; y ademas por supuesto la peculiar Geo (Anabel Ferreira), productora de la obra, que parece estar tan pendiente de la producción como de la botella. Por otra parte el equipo técnico está conformado por la vestuarista, Adriana (Cecilia Suarez), el coordinador del staff (Eduardo España), Nachito, quien se encarga de los controles (Kristyan Ferrer) y el tramoyista (Víctor Garcia). Ademas de una pedante delegada en representación de los actores, interpretada por la legendaria Silvia Pinal.

Cuando uno como espectador se sienta a ver esta propuesta experimenta la misma sensación que los personajes en pantalla, viaja por una asfixiante travesía que concluye de un modo opuesto al esperado, donde una obra que estaba destinada a morir de manera violenta resurge gracias a la pasión de unos cuantos, ese amor al arte del que todos hablan pero pocos demuestran con la entrega que solo puede tener un artista formado sobre tablas de madera.

Por Jonathan Mata Richardson

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