Reseña | Sospecha (1941)


sospecha

Dir. Alfred Hitchcock / Estados Unidos / 99 minutos

No me parece necesario siquiera mencionar la grandeza de Alfred Hitchcock, aunque si voy a subrayar su maestría para jugar con la mente del espectador.

Suspcion comienza cuando Johnnie (Cary Grant) irrumpe inesperadamente en una cabina de tren ocupada por una joven rubia de aspecto discreto, incluso soso, a quien inmediatamente comienza a enredar gracias a su descarada y encantadora personalidad. Cuando el encargado de revisar los boletos de tren revisa el pasaje de Johnnie descubre que viaja en primera clase con un pase de tercera; al ver que no tiene dinero suficiente para completar la diferencia le pide el faltante a Lina (Joan Fontaine), la joven rubia que solo se limita a observar la escena con cierto asombro. Cuando Lina le cuenta a sus padres sobre Johnnie nos enteramos de que su reputación no es la mejor, sin embargo con el paso del tiempo, y habiendo ignorado toda clase de advertencias, terminan por casarse. Después de obtener una enorme casa y haber viajado por Europa, él acaba por confesarle a su ahora esposa que no tiene dinero, que todo lo ha conseguido a base de prestamos, e incluso deja entrever su interés por la herencia de su padre. Una tarde Lina se encuentra con una escritora de novelas de misterio amiga de él, dejando muy en claro las ganas de Johnnie por leer su próximo libro. Cuando Lina descubre la clase de problemas financieros en los que está metido su esposo, ayudada en gran parte por un amigo de él, comienza a desconfiar de la persona con la que se ha casado. Aunque por momentos está tentada a abandonar la relación, su amor por él es mas fuerte que su propio miedo. Sin embargo cuando el propio Johnnie parece mostrar bastante mas interés en los libros de misterio de aquella mujer, y especialmente en los aspectos que envuelven un homicidio, el miedo se sale de control.

Es un verdadero gozo encontrarse con personajes como el interpretado por Cary Grant, un estafador descarado, cuyo encanto no podía ser aportado por cualquiera (por alguna razón le encontré mucho parecido a Robert Downey Jr.); el propio Hitchcock mencionaba “A Cary Grant no hace falta dirigirlo, solo hay que ponerlo frente a la cámara”. Aunado a esa estupenda interpretación tenemos a una Joan Fontaine encarnando perfectamente al estereotipo fetiche del Maestro del Suspenso, una mujer rubia, de aparente debilidad y latente represión que termina soportando el peso emocional de una excelente trama; su papel en esta cinta la hizo acreedora del premio de la Academia, que para muchos fue una clase de compensación por no recibirlo un año antes por su soberbia interpretación en Rebecca.

Por Jonathan Mata Richardson

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